Nieto de hemingway desnuda la oscura historia familiar

Madrid, 19 de junio (Télam).- John Hemingway, el nieto del autor de "Por quien doblan las campanas" y "París era una fiesta", recuerda en su flamante biografía titulada "Los Hemingway. Una familia muy singular" la convulsa relación de su padre Greg con su abuelo, que desembocó en un final trágico.

Gregory ha quedado marcado como la "oveja negra" de la familia Hemingway: fue el segundo hijo que Ernest tuvo con Pauline Pfeiffer -la segunda mujer del escritor, que se casó en cuatro oportunidades- y murió en 2001 en Miami, tras sufrir un infarto mientras cumplía condena por exhibicionismo en una cárcel de mujeres.

¿Por qué una cárcel de mujeres? Es que Greg había decidido someterse a una operación de cambio de sexo a mediados de los 90 y desde entonces se hacía llamar Gloria, según informa el periódico El Mundo.

Aquella muerte tan sórdida, de la que los medios informaron telegráficamente, encubría una dramática y convulsa historia personal: la identidad de Greg/Gloria nunca se consolidó y esa quizá fue la consecuencia más grave de la turbulenta relación que mantuvo toda su vida con su padre.

John Hemingway, nacido en 1960, sólo 11 meses antes de que Hemingway se suicidara, sentía que debía bucear en aquel magma convulso de insultos, reproches y separaciones abruptas.

Allí, entre tanta negrura y tantos fantasmas, estaban las respuestas que buscaba, necesarias para saber por qué su padre acabó como acabó y algo incluso más importante: ¿saber quién era él mismo?

Eso es lo que ha intentado hacer con el libro "Los Hemingway, una familia singular", un libro recién publicado en España que rastrea cómo los desequilibrios mentales del autor de "El viejo y el mar" se agravaron por las disputas con su hijo.

"Eran demasiado parecidos. Los dos tenían un carácter fuerte, los dos abusaban del alcohol y los dos eran bipolares" (lo de la bipolaridad es una constante entre los Hemingway). Un cóctel explosivo que no tardaba en estallar cuando se reunían. Pero esos paralelismos incluso llegaban hasta límites más íntimos y menos conocidos", asegura el autor en su libro.

John apunta en su investigación familiar que Ernest, paradigma del varón aventurero y valeroso, cultivaba en el terreno doméstico una vertiente femenina por la que sentía una profunda curiosidad: "En una carta que escribió a su cuarta mujer, Mary Welsh, cuenta cómo durante la actividad sexual ambos intercambiaban los roles femeninos y masculinos".

"Mi abuelo no era homosexual. Yo no afirmo eso. Sólo digo que sentía la necesidad de explorar su lado femenino, como todo hombre con cierta curiosidad. Ese intercambio de papeles lo había observado en algunas tribus africanas y también en las corridas de toros, entre el toro y el torero", aclara John Hemingway. (Télam).-

jg-abc 19/06/2012 12:41

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