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Los trapos sucios de las familias reales

Las
monarquías europeas también tienen sus trapos sucios y, pese a sus
esfuerzos, no los pueden lavar en casa. El último miembro de la realeza
que no ha calibrado bien las consecuencias de sus actos ha sido Carlos
de Inglaterra.

El Príncipe de Gales parece que no sólo le
fue infiel a la difunta Lady Di, sino que también podría haber engañado a
Camilla Parker Bowles. Según revela la modelo Tasha de Vasconcelos en
su autobiografía, titulada 'La belleza como arma', éste coqueteó con
ella en una fiesta privada en 1999 y le pidió un pase privado.

"Durante
la noche, vi que me miraba el collar, cómo se le iluminaba el rostro y
cómo le atraían las curvas de mi vestido de Versace", afirma la maniquí.
Después, ésta sostiene que el heredero al trono británico le dijo:
"¿Alguna vez ha considerado la idea de hacer un desfile privado…sólo
para mí?".

Vasconcelos ha asegurado que entre 1999 y 2000 tuvo
varios encuentros con Carlos e, incluso, le invitó a un almuerzo en uno
de sus palacios. Eso sí, aunque le califica de "elegante y seductor", de
momento no ha desvelado si mantuvieron relaciones sexuales.

La
situación del primogénito de Isabel II no es tan delicada como la del
rey de Suecia, Carlos Gustavo. Por culpa de la polémica biografía no
autorizada 'Carlos XVI Gustavo, rey a su pesar', que habla sobre sus
escarceos con prostitutas y su infidelidad con la cantante Camilla
Henemark, más de un 63% de sus compatriotas, como demuestra un sondeo
realizado a 1.000 ciudadanos, quieren que ceda la corona a su hija
Victoria.

Sin embargo, la imagen de la princesa heredera sueca se
ha visto empañada después de su boda con Daniel Westling. Y es que, como
publicó en agosto el diario 'Expressen', los regalos que el empresario
Bertil Hule hizo a la pareja podrían tener un origen fraudulento.

Tampoco
se libran de los problemas los otros dos hijos de Carlos Gustavo. La
relación entre Carlos Felipe y la 'stripper' Sofia Hellqvist, con
cohabitación incluida, ha generado muchas críticas de los sectores más
conservadores de la sociedad sueca. Mientras, Magdalena sufrió la
humillación de su prometido Jonas Bergström, quien, meses después de
abandonarle, dejó embarazada a una compañera de trabajo.

La vecina
Noruega también tiene una familia real bastante peculiar. Si
Mette-Marit tuvo que enfrentarse a un pasado relacionado con el consumo
de drogas antes de casarse con Haakon, Ari Behn, el marido de la
princesa Marta Luisa, se ha convertido ahora en el mayor quebradero de
cabeza del rey Harald.

Behn fue portada de varios periódicos
noruegos cuando se disfrazó de mujer y de paseó por los bares de
ambiente gay de Barcelona, junto a conocidos "drag-queens" españoles.
Según se excusó, su ocurrencia formaba parte de un reportaje sobre la
cara oscura de las grandes ciudades que emitió la televisión estatal
noruega (NRK).

Otra consorte, aparentemente más idílica, que ha
estado en el ojo del huracán ha sido Máxima Zorreguieta. La esposa del
príncipe Guillermo de Holanda tuvo serios problemas antes de contraer
matrimonio cuando se publicó que era hija de Jorge Zorreguieta, ministro
de Agricultura durante la dictadura del general Videla. Finalmente, la
argentina fue aceptada por los holandeses, aunque, para ello, tuvo que
cortar la relación con su progenitor.

Por último, en España la
realeza tampoco ha evadido las controversias. El libro 'Letizia Ortiz:
Una republicana en la corte de Juan Carlos I' puso en apuros a la
Princesa de Asturias, debido a que su autor, Isidre Cunill, afirmaba en
el mismo que ésta había sido consumidora de hachís y activista
republicana.

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